lunes, 24 de julio de 2017

Regla, al otro lado de la bahía


Cerca de la Fortaleza de La Cabaña, en el litoral de la bahía, en fecha anterior a 1762 se construyó un almacén de la Real Hacienda, edificio que, por estar pintado de blanco, dio nombre al lugar: Casa Blanca.

En la colina, a orillas del puerto, posteriormente se construyeron numerosas viviendas, edificadas por carpinteros de ribera, a quienes les siguieron las de los marinos de los barcos de cabotaje.

Al ser muy frágiles las edificaciones, principalmente de madera, embarrado y guano, a menudo fueron presas fáciles del fuego, desapareciendo varias veces y siendo vueltas a construir, hasta que el 25 de abril de 1785 todo el poblado quedó reducido a cenizas. Sin embargo, fue rápidamente reconstruido.

Uno de sus vecinos más connotados, don Rafael Triscornia, construyó en el lugar que aún lleva su nombre, un muelle y carenero para buques menores, lugar que sirvió posteriormente como centro de control para la entrada de los extranjeros que llegaban por barco al país. Más tarde también construyeron muelles don Antonio Trías, don José Travieso y otros.

En la calle Santuario existió un apeadero o estación del ferrocarril denominado La Prueba que, desde 1843, unió a Regla con Guanabacoa, y funcionó hasta la segunda década del siglo XX. Esta edificación después fue utilizada como vivienda y como casa-templo de la santería, siendo conocida como "la casa de Panchita Cárdenas", sobre todo por la capilla que aún mantiene a puerta-calle.

En 1858, el poblado, ya denominado Regla, tuvo su primera iglesia. En los años 1878 y 1879 sus principales edificaciones, además de las relacionadas con las actividades portuarias, eran el Liceo Artístico y Literario, ubicado en la calle San José entre Real y Santuario, donde José Martí fue admitido como miembro el 30 de enero de 1879, y las casas de Luisa Pérez de Zambrana y de Pedro Coyula, cercanas a la Plaza de las Cruces.

La comunicación con la ciudad se realizó, primero a través de botes y después mediante embarcaciones, que atracaban en los embarcaderos de Casa Blanca y Regla, así como por tierra, bordeando la bahía, al igual que en el caso de su vecina Guanabacoa. Entre Regla y Guanabacoa existieron el ya mencionado ferrocarril La Prueba y un tranvía, cuyo paradero se encontraba en el mismo edificio del embarcadero construido en 1911.

Además, existió el ferrocarril de la Bahía de La Habana hasta Matanzas, y el famoso tren de Hershey, que partía de Casa Blanca y terminaba también en Matanzas, cuya línea quedó concluida en 1922.

En la década de 1920 del siglo pasado, el alcalde de la villa, al fallecer Lenin en Rusia, sembró un olivo en una colina, la cual, aunque el olivo fue arrancado posteriormente, desde entonces ha sido conocida conocida como la Colina Lenin. Anteriormente se había construido, sobre el curso del río Tadeo, el denominado Parque de la Mandarria, que resultó histórico por ser el primero que tuvo un monumento dedicado al obrero.

En la época republicana, ya como municipio, adquirió gran desarrollo, principalmente debido a las actividades portuarias, así como a la existencia en su territorio de la Havana Coal Company y a la instalación de los Molinos de Harina Burrus S.A., las refinerías de petróleo, pertenecientes a las empresas Esso Standard Oil Co. de Nueva Jersey y Compañía Petrolera Shell de Cuba, con la Refinería Habana S.A. del consorcio anglo-holandés Royal Dutch Shell, la Compañía Antillana de Pesca y Distribución S.A., con la marca Freskito, la Compañía de Fomento Marítimo S.A., con astillero y flota de pesca, la Extractora Cubana de Aceites Vegetales S.A., la Compañía Cubana de Industrias Metálicas S.A., la Tenería Modelo S.A., la fábrica de abonos químicos y fertilizantes de Pérez Galán, Fernández y Cía., la Productora de Superfosfatos S.A., la Industria Pecuaria S.A., The American Agricultural Chemical Company, una planta de abonos químicos, y otras.

Todo ello hizo que algunos de los trabajadores que laboraban en ellas, así como estibadores de los muelles, fijaran sus viviendas en este municipio o en el cercano de Guanabacoa. Entre estos últimos, floreció la sociedad secreta de origen africano abakuá. Delante de la iglesia dedicada a la Virgen de Regla, conocida como Yemayá en el panteón orisha, actualmente existen varias edificaciones y un almacén a cielo abierto rodeado de muros, que resta belleza a la denominada Punta de Santa Catalina, así como a la imagen urbana del lugar, además de reducir la visualización de la fachada de la iglesia, que constituye el lugar más visitado por cubanos y extranjeros.

Aunque al principio el municipio, debido a su poca extensión territorial, estaba dividido en cuatro sectores, actualmente incluye los repartos Colinas de Belot, Habana Nueva, La Colonia, Lídice, parte de Luyanó, Manuel Ascunce, Modelo, Parcelación Rotaria, Regla, Unión, Casa Blanca, Cinco de Belot, La Julia y Braulio Coroneaux, así como los caseríos de Ingenito y San Nicolás.

Aunque mantiene algunas de sus industrias principales, convertidas en empresas estatales de cereales, combustibles y lubricantes, piensos, suministro marítimo y portuario, lacados de aluminio, comercializadora y conformadora de carpintería metálica y PVC y otras, con el cese de muchas de las actividades portuarias en la Bahía de La Habana, Regla ha perdido parte del desarrollo industrial que poseía.

Esto ha influido negativamente en su economía y en el nivel de vida de muchos de sus habitantes, quienes se han visto obligados a buscar empleos fuera del municipio, con las dificultades que ello supone.

Hoy, llegar a Regla a través de la bahía se ha convertido en algo complicado y molesto, pues las autoridades, temerosas de que cubanos decididos a emigrar secuestren alguna embarcación, las repostan con poca cantidad de combustible, someten previamente a cada viajero a un minucioso chequeo, incluyendo el uso de medios para detectar metales, y el acceso debe realizarse obligatoriamente por un túnel cerrado construido de cabillas.

El viaje de regreso conlleva las mismas molestias. Y, puesto que actualmente se apuesta por el turismo y las actividades provenientes del arribo de cruceros, para ello es necesario desarrollar ampliamente una infraestructura que dé respuesta a sus elevadas exigencias, y deberán abandonarse las prácticas de control totalitario.

Fernando Dámaso
Diario de Cuba, 15 de mayo de 2016.
Video realizado por Diario Las Américas.
Leer también: La Habana, el camino hacia el oeste.

jueves, 20 de julio de 2017

"Por la izquierda siempre es mejor"


Hace cinco años, a varios socios de Arturo se les descompensó la presión arterial cuando les notificaron que el Estado prohibía negocios privados como los cines 3D y las tiendas de ropa. Pero otros emprendedores aprovecharon la derogación para comenzar a operar en la clandestinidad.

Es una simple puerta giratoria la que determina cuáles negocios son legales o ilegales.

“De toda la vida, en Cuba han existido bisnes por la izquierda. A finales de los años 80 yo comencé a vender pan con bistec de res a diez pesos y cerveza a dos en un solar del barrio de San Leopoldo. Hice un baro largo. A la par compraba dólares, entonces prohibido por la ley, a cuatro pesos y luego mediante un estudiante africano becado en la Isla, adquiría ropa, calzado, electrodomésticos y equipos de música en las tiendas por divisas para extranjeros. El negocio era clandestino y corría riesgos. Si te pescaba la policía, te sancionaban a cuatro o cinco años en el tanque. Pero las ganancias eran grandísimas”, indica Arturo, un comerciante ilegal que ha vivido de lo que se cae del camión.

Arturo fuma un mocho de tabaco mientras en un televisor de pantalla plana observa un partido de béisbol de la Serie del Caribe que se celebra en Culiacán, México. Bebe un sorbo de café y aporta más detalles.

“Por la izquierda es mejor. No tienes que pagar un centavo de impuesto y debido a la inflación y carestía de la vida en Cuba se gana un buen billete. Eso sí, tienes que mojar con dinero a policías, inspectores y las veinte mil vírgenes, pa' que viren la cara para otro lado. En los años 70 y 80 era más difícil escapar de la vigilancia policial y la chivatería de los CDR. Ahora no. La corrupción es absoluta. Con dinero en mano, casi todo se resuelve”, acota Arturo, quien lo mismo vende tazas de inodoro y leche en polvo que sacos de cemento cola robados de almacenes estatales.

“Siempre vendo más barato que en la shoppings”, dice. Aunque no hay una cifra exacta de la cantidad de personas que en el país ejercen negocios clandestinos, Octavio, empleado de la oficina estatal que fiscaliza el trabajo por cuenta propia (ONAT), cree que “además del medio millón de cuentapropistas con licencia, existen de 200 a 300 mil personas que tienen negocios ilegales y evaden el fisco. Quizás sean más”, opina el empleado estatal.

Les presento a Nilo, nombre ficticio. Su especialidad es el hurto y sacrificio de ganado vacuno. “La labor de un matarife de vaca es compleja. Debes cuidarte por igual de la monada (policía) y de los chivatones de la cuadra, pero se gana un baro largo. En Cuba todos los negocios con alimentos dejan buenas ganancias. Recuerda que aquí se vive para comer. El problema es cuando te pilla la policía, pues las sanciones pueden ser de 20 años a cadena perpetua”.

En La Habana, la libra de carne de res se vende a 2.50 cuc. Es un alimento suntuario, como el castero, especie marina tan codiciada como los camarones y las langostas. O las naranjas, hace tiempo desaparecidas en combate.

Según la prensa oficial, solo en la provincia de Villa Clara, en la zona central de la Isla, alrededor de 400 mil reses mueren por hambre y sed en un año. “La mayoría de esas muertes se deben a un acuerdo entre las vaquerías y campesinos privados, para luego vender la carne. Hay guajiros que antes de venderlas al Estado, que paga 30 o 40 fulas por una vaca, la ponen en la línea del tren para que la atropellen y después vender la carne”, afirma Nilo.

Adriana reside al oeste de la capital y de manera discreta transformó dos habitaciones de su casa en una tienda de ropa de marcas que no tiene nada que envidiarle a las boutiques de los hoteles de cuatro y cinco estrellas.

“Vendo pacotilla de calidad por catálogo. Y los clientes de confianza me pueden pagar a plazos, algo que no hace el gobierno. Trato de conseguir las últimas tendencias de la moda. Compro mercancía de primera en la zona franca de Colón, Panamá, en Miami o tiendas de Moscú”, comenta Adriana. Para la adquisición de pacotillas textiles, ella suele viajar varias veces al año a Estados Unidos, Centroamérica o Rusia.

Una gloria del deporte cubano, el luchador estilo grecorromano, Cándido Mesa, fallecido el pasado 3 de enero, a un costado del hospital Hermanos Ameijeiras, en Centro Habana, tenía un almacén clandestino de materiales construcción que ofertaba a precios más bajos que en las tiendas estatales.

La mercancía a veces se trasladaba al cliente en ambulancias del hospital. “Para no llamar la atención”, me comentó Mesa hace cuatro años. “A pesar de ser multicampeón, el gobierno me ha tirado a mierda. Como muchos cubanos tengo que vivir por la izquierda para poder mantener a mi familia”, confesaba Cándido Mesa.

Daniel confecciona rejas, ventanas y puertas de hierro. Y desde hace quince años lo hace evadiendo la vigilancia estatal. “Desde que comencé a trabajar lo hago por debajo de la mesa. Nunca he trabajado para el Estado. Es verdad que se debe ser cuidadoso, pero el gobierno no despluma tus ganancias como a los cuentapropistas con licencia”.

A pesar de correr sus riesgos, en Cuba aumentan las personas que trabajan fuera del radar estatal. Últimamente, debido a la corrupción generalizada, con menos presión policial. Y al no pagar gravámenes, ganan más dinero.

Iván García
Foto: Tomada de El Nuevo Herald.

lunes, 17 de julio de 2017

Guanabacoa, la villa de Pepe Antonio


Guanabacoa es un nombre indio que significa "sitio de agua". En 1525, el territorio estaba habitado por indios. El poblado fue fundado por Diego de Mazariegos, quien gobernara la Isla entre 1555 y 1565, recogiendo a todos los indios dispersos, por orden del Rey de España, en la parte más elevada de un grupo de colinas, que comenzaban en el vecino pueblo de Regla.

En el último tercio del siglo XVI, Don Hernando Manrique de Rojas repartió los solares entre unos 300 indios, formando un pueblo con 29 calles orientadas de norte a sur y 20 de este a oeste, sombreadas de frondosos árboles regados por numerosos riachuelos.

En 1555 el pirata francés Jacques de Sores atacó el pueblo y, un año después, se construyó una pobre iglesia, atendida por un padre franciscano. En 1566 se constituyó el Ayuntamiento, presidido por el gobernador y un número de concejales. En 1576 se edificó la primera iglesia. La "Loma de la Cruz" debe su nombre a que en ella el indio José Vichat, que vivía allí, plantó una cruz de madera, la cual fue derribada durante un ciclón en el año 1724, volviéndola a colocar en el mismo lugar el hermano Serapio Manuel de Soto el 14 de septiembre de 1786 y, más tarde, el obispo Espada ordenó construirla de cemento.

Durante la toma de La Habana por los ingleses en 1762, el alcalde de la villa, José Antonio Gómez, defendió valientemente la plaza, debido a la cual se le conoce como "la villa de Pepe Antonio".

Ya en 1607, en los terrenos de la antigua ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, se había edificado la parroquia mayor de María Santísima de la Asunción. Su crecimiento se produjo con naturales de las Islas Canarias y negros africanos, construyéndose espaciosas casas de mampostería, donde gustaba pasar el verano la aristocracia habanera.

El primer cementerio de Guanabacoa se fundó en 1644 y se denominó del Potosí, siendo mejorado y modernizado en 1811. En 1644 también se fundó la ermita de Jesús de Nazareno.

El escudo de la villa de la Asunción de Guanabacoa le fue concedido el 14 de agosto de 1743 y en él aparece un mar, dos castillos y montañas. El reloj de la torre de la Iglesia Parroquial fue comprado por suscripción popular, y colocado allí por el Ayuntamiento el 6 de octubre de 1859.

Desde 1841, la villa tenía una Tenencia de Gobierno. El Cuerpo de Bomberos se organizó en 1855, y en 1861 se fundó el Liceo Artístico y Literario, del cual surgió la Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar.

El Hospital de la Caridad y la Plaza del Mercado se construyeron en 1856, siendo esta última demolida para ser reedificada en 1911 en la calle de Martín Ugarte, entre Jesús Nazareno y Desamparados, instalándose un parque en el lugar que ocupara la plaza anteriormente.

En 1860 se instaló el alumbrado público, en 1872 la cárcel y en 1879 asumió su cargo el primer alcalde. En Guanabacoa establecieron un magnífico plantel los Padres Escolapios, pasando por sus aulas una parte importante de la juventud cubana. En él funcionó la primera Escuela Normal para maestros de Cuba.

El 27 abril de 1879, en el Liceo Artístico y Literario, el secretario de la Sección de Literatura, José Martí, hizo el elogio del violinista cubano Díaz Albertini y, al aludir varias veces a la patria, la libertad y al porvenir de Cuba, consiguió que el Capitán General Blanco, presente en la velada, exclamara: "Quiero no recordar nunca lo que he oído y no concebí nunca que se dijera delante de mí, representante del Gobierno español. Voy a pensar que Martí es un loco. Pero un loco peligroso".

A unas cuadras del Liceo quedaba la residencia de don Nicolás Azcárate, conocida como la Casa de Figuras, en cuyo bufete habanero trabajó Martí en los años en que volviera a Cuba (1878-79). En el Liceo de Guanabacoa también tuvieron destacada participación figuras tan importantes como Varona, Cortina, Montoro, Fernández de Castro, Figueroa, Azcárate y otros.

El acceso a Guanabacoa, a través de la bahía, al principio se realizaba por un servicio de botes entre La Habana y Regla y, a partir de 1837, al crearse una primera empresa de vapores, mediante lanchas, las cuales posteriormente se vincularon al transporte urbano con embarcaderos en Casablanca y Regla.

Entre Regla y Guanabacoa funcionaban dos trenes eléctricos. El acceso por tierra se realizaba bordeando la bahía, primero en carruajes tirados por caballos y después con vehículos de motor.

En la década de 1950, Guanabacoa, junto con La Habana, Regla, Marianao y Santa María del Rosario, formó parte de lo que se consideraba como la Gran Habana. Para esa fecha, el municipio estaba constituido por los siguientes barrios y repartos: Bacuranao, Campo Florido, Cojímar, Cruz Verde, Este de Corral Falso, Este de Asunción, Este de San Francisco, Oeste de Corral Falso, Oeste de Asunción, Oeste de San Francisco, Pepe Antonio y San Miguel del Padrón.

Actualmente el municipio incluye los repartos Alturas de Vía Blanca, Albión, Azotea, Bellavista, Buenavista, Corralito, Chibás, D'Beche, El Roble, Garrido, Guanabacoa, Habana Nueva, Mañana, Mambí, Alturas de Villa María, Castilla, Federal, Haydée, Fuente Blanca, La Escala, La Jata, La Lima, Mi Gloria, Nalón, Naranjo, Pomo de Oro, Ricabal, Villa Elena, Villa María, Villa Nomar, y Villa Oliva, así como el caserío de La Yuca. También forman parte de él los repartos y caseríos ubicados en las localidades de Barreras, Bacuranao, Minas, Santa Fe y Arango.

En Guanabacoa nacieron importantes figuras de la música cubana como Rita Montaner, Ernesto Lecuona e Ignacio Villa, Bola de Nieve. Durante los años de la República (1902-1958) el municipio se desarrolló, instalándose en su territorio talleres de mecánica, almacenes, pequeñas y medianas industrias, como Concordia Textil, Productos Textiles S.A., Textiles Flamingo y Compañía Textilera Amazonas S.A. Fábricas de tejidos, cintas y etiquetas como Tejidos y Confecciones Perro S.A. y la Compañía Internacional de Envases S.A.

También, una fábrica de sacos de papel kraft, el tostadero de Café Regil, las Industrias Magic S.A., productores y distribuidores de gas embotellado, la Unión Nacional de Industrias Alimenticias S.A., con las marcas El Ebro, Canciller, La Colonial, Cruz Verde y Río Frío. Las fábricas de sábanas Palacio, de confituras Armada y Cía. S.A. y la Sakoyute S.A.; las Canteras Cubanas S.A. y las Canteras de Minas S.A.; la embotelladora Tarajano S.A., distribuidores del agua mineral Lobatón y otros muchos negocios dedicados a la confección de ropa y fabricación de artículos de uso doméstico.

Famosos eran los manantiales y jardines de La Cotorra, hoy contaminados y en estado de abandono. Cines como Carral y Ensueño; numerosos restaurantes, cafeterías y tiendas. Contaba con una galería de arte, un museo histórico, una importante biblioteca e instalaciones deportivas como el estadio Frank D'Beche.

En Guanabacoa aún existen dos cementerios hebreos: el Beth Ha Haím, establecido en 1910, que posee un monumento erigido a los mártires del Machadato, y el Sefaradí, donde se encuentra el dedicado a las víctimas del Holocausto.

Muchos otros lugares ya no existen o han sido totalmente transformados, perdiendo las características que los identificaban, sumándose a la insoportable uniformidad socialista. Algo similar ha sucedido con las viviendas: las originales de la villa hoy se encuentran en malas o regulares condiciones y las de nueva construcción casi todas son edificios de cinco pisos sistema Girón, repetidos hasta la saciedad en los pueblos y ciudades cubanos, antiestéticos y de baja calidad.

Actualmente en Guanabacoa existen empresas estatales de equipos hidráulicos, geominería, comercializadora de azúcares y sus derivados, de productos agropecuarios y forestales, constructora de equipos mecánicos, de herrajes varios, de calzado y textiles y fundiciones, entre otras.

Con el paso de los años, Guanabacoa se ha convertido en centro de los cultos afrocubanos, tanto de origen abakuá como la Regla de Ochún o Santería y la Regla Conga o Bantú, llamada también brujería. Su práctica es habitual en toda la localidad. Debido a esto, aunque hoy es fácil encontrar un babalao en cualquier barrio de La Habana, cuando alguien tiene problemas o las cosas no le salen como quisiera, aún se le dice: "Llégate a Guanabacoa, para que te vea un babalao".

Fernando Dámaso
Diario de Cuba, 22 de mayo de 2016.
Video realizado en Guanabacoa por Raquel Pérez, de Cartas desde Cuba. Bola de Nieve interpreta Ay Amor, canción de su autoría.

jueves, 13 de julio de 2017

Indiferencia ciudadana hacia la oposición cubana


En una antigua residencia colectiva de pasillos estrechos en la barriada de Lawton, al sur de La Habana, la necesidad de vivienda la ha convertido en una cuartería. Con divisiones hechas de cartón tabla o ladrillos recuperados de edificaciones demolidas, han surgido 'apartamentos' donde reside una decena de familias que subsisten al filo de la navaja.

Entre reguetón a todo volumen y negocios ilegales, se vende alcohol de caña, robado la noche anterior de una destilería estatal, que luego se utiliza en la preparación de rones caseros, o ropa de marcas piratas, compradas al bulto en tenderetes de la ciudad de Colón, a tiro de piedra del Canal de Panamá. Y un tiempo atrás, cuando en el matadero de Lawton o de la Virgen del Camino se sacrificaban reses, se podía adquirir carne de res a precio mayorista.

Esas ciudadelas superpobladas de la capital son cuna del jineterismo, drogas y juego prohibido. Lawton, como ningún otro barrio habanero, es 'modelo' en lo que a marginalidad y delito se refiere. La gente vive del robo a instituciones estatales, cambalaches o lo que dejó caer el camión.

Pero no le hablen de reformas políticas, sumarse a un partido disidente o protestar por las salvajes golpizas que a pocas cuadras de la antigua residencia colectiva, propina la policía política a las Damas de Blanco que cada domingo reclaman libertad para los presos políticos y democracia en Cuba.

Llamémosle Miguel. Un moreno que roza los dos metros de alto y gana dinero vendiendo marihuana, sicotrópicos o cambolo, una mezcla letal de cocaína con pequeña dosis de bicarbonato. Ha estado preso casi un tercio de sus 38 años y tenía planes de emigrar a Estados Unidos, pero los interrumpió tras la derogación por parte de Obama de la política de pies secos-pies mojados.

Miguel tiene pocos temas de conversación. Mujeres, deportes y negocios por debajo de la mesa. Su vida es un retrato fijo. Alcohol, sexo y “andar volao”, con los ojos enrojecidos tras fumarse un taco de marihuana.

Cuando usted le pregunta su opinión sobre la disidencia y la represión continuada contra las Damas de Blanco, tose levemente, se rasca la barbilla y alega: “Men, sal de ese canal. Esas tipas están locas. Este gobierno de hijos de putas que tenemos, no se va tumbar con marchas ni declaraciones. Si no cogen un fusil, siempre los segurosos les caerán a patadas por el culo. Son valientes, pero eso no vale pa’ cambiar esta mierda”.

La mayoría de los vecinos de la casona convertida en cuatería piensa igual. Son capaces de saltar una cerca de una fábrica del Estado para robarse dos galones de alcohol, pero no les hable de política, derechos humanos o libertad de expresión.

“Mi ‘amol’, quién está pa’ese brete. La policía se hace la guillada con los bisnes y la putería. Pero cuando te enrolas en esa volá de los derechos humanos, el encarne es pa’toda la vida”, comenta Denia, matrona.

Ella prefiere hablar de su negocio. De un bolso negro saca su teléfono Huawei y muestra varias fotos de chicas semi desnudas mientras va cantando el precio. “Mira qué riquera. Allá el que le guste coger palos”, dice Denia, refiriéndose a las Damas de Blanco.

En líneas generales -y salvo excepciones-, los ciudadanos de la República de Cuba se han autoinmunizado o prefieren optar por la amnesia cuando del tema de la disidencia, la libertad y la democracia se trata.

“Hay varias razones. El miedo patológico, que sin dudas infunden sociedades autoritarias como la cubana. A eso debes sumarle que el aparato mediático del gobierno ha sabido vender muy bien la historia de una oposición mínima, dividida y corrupta a la cual solo le interesan los dólares americanos”, afirma Carlos, sociólogo.

La disidencia, además, juega con la cancha inclinada. No cuenta con horas de radio o televisión para difundir sus programas políticos. La represión ha obligado a cientos de opositores a marcharse de su patria. Y la Seguridad del Estado ha infiltrado topos en casi todos los grupos disidentes.

“Los servicios especiales 'cortocircuitan' con eficacia la relación de los vecinos del barrio y del pueblo con la disidencia. ¿Cómo superar ese abismo? Tendiendo puentes hacia el interior de la Isla. Creo que la oposición está más enfocada en cruzadas políticas hacia el exterior. Lo otro es amplificar lo que la mayoría de los cubanos quiere escuchar: no hay comida, para comprar una muda de ropa se gasta el salario de tres meses, el pésimo servicio de transporte, la escasez de agua... Es larga la lista de las aristas para explotar por los disidentes”, opina Enrique, licenciado en historia.

Percibo que alrededor del 80 por ciento de la población tiene importantes puntos de coincidencia con la oposición local. Las tímidas aperturas económicas y derogaciones a normativas absurdas, siempre fueron reclamadas por la disidencia, desde mayor autonomía al trabajo privado, viajar al extranjero o hacer turismo en su propio país.

Según algunos disidentes, muchos vecinos se les acercan a saludarlos e indagar sobre los motivos de sus detenciones después de un brutal linchamiento verbal o una golpiza. Pero no se suman.

Rolando Rodríguez Lobaina, líder de la Alianza Democrática Oriental y director de Palenque Visión, se sintió frustrado cuando realizaba protestas callejeras reclamando derechos para todos y la gente solo miraba desde el contén de una acera.

“Una noche estaba en el cuerpo de guardia del hospital, pues mi hijo estaba con fiebre alta, y ante la mala atención médica inicié una protesta. Varios pacientes estaban en la misma situación. Pero nadie alzó la voz cuando llegaron autos patrulleros y la policía política me detuvo a la fuerza. Esa noche me di cuenta que había que cambiar de método para llegar a los cubanos de a pie. Quizás la prensa independiente sea un medio más efectivo”, me contaba Lobaina hace unos meses en Guantánamo.

Aunque los periodistas independientes reflejan esa otra Cuba que la autocracia pretende ignorar, sus notas, reportajes o denuncias tienen un alcance limitado, pues no se publican en medios locales y solo pueden ser leídas en internet.

Para la mayoría de los ciudadanos, democracia, derechos humanos y libertad de expresión no es sinónimo de un plato de comida, sino de represión. Cómo despertar al cubano de su indiferencia es una buena pregunta para un debate.

Iván García
Foto: Tomada de Kostas blog.

lunes, 10 de julio de 2017

Cuando La Habana tenía "feeling"


En El Gato Tuerto, Alejandro Armengol tocaba aspectos de aquella Habana que Guillermo Cabrera Infante magistralmente describió tantas veces.

Entre los comentarios a ese trabajo de Armengol, el de Blanca Acosta sobre Miriam Acevedo cantando Ponme la mano aquí, Macorina, en ese mismo gato con un solo ojo, frente a los de varios comentaristas que demostraban que algunos cubanos no tienen ni idea de aquella época, me pusieron a pensar en esa Habana irreverente, cálida, bohemia, elegante, popular, sofisticada, febril, sencilla, simplemente maravillosa.

Y hoy, como bocanada de aire fresco, al menos para mí, quiero contar un poco de mis recuerdos, sin orden ni concierto, y sin pretensiones intelectuales o literarias, ni de investigación histórica, sino simplemente de 'descarga', como se decía entonces. Y aunque mi intención no es politizar el tema, si quiero mencionar algunas cosas que vendrán a la mente de muchos, mostrar los “avances” de la llamada revolución cubana y cómo “perfeccionó” aquella deliciosa vida nocturna y diurna habanera.

No voy a hablar de La Habana anterior a 1959 -no tengo vivencias para ello- sino de la de los primeros años de la década de 1960, cuando La Bodeguita del Medio, en La Habana Vieja, no abría los domingos, y cuando se decía que La Rampa no era una calle en El Vedado, sino un estado de ánimo. Al decir del difunto Luis García, de El Rincón del Filin de Miami, durante los años 50 y 60 del pasado siglo, en una milla a la redonda, a partir de L y 23, La Habana concentraba más bares, night clubs y cabarets que todo el Estado de La Florida en esa misma época.

Y así fue. Siguió siendo la ciudad del vacilón, incluso durante las movilizaciones de enero de 1961, los combates de Bahía de Cochinos, o la Crisis de Octubre de 1962, que no impidieron que bares, night clubs, cafeterías, cabarets y restaurantes funcionaran como de costumbre, y los trasnochadores que salían de madrugada de tales emporios vieran milicianos con las “cuatro bocas” o los cañones antiaéreos con redes de camuflaje emplazados en las aceras del Malecón, desde el Hotel Riviera hasta La Punta.

Aquella Habana única e irrepetible fue capital del ambiente nocturno hasta la execrable Ofensiva Revolucionaria que en 1968 asesinó la ilusión, derribó La Gruta, convirtió a La Zorra y al Cuervo en milicianos, y al Gato Tuerto en militante del partido comunista. Aquella Habana para infantes difuntos, la Ofensiva Revolucionaria la convirtió en una Habana difunta para infantes, adultos y ancianos.

Piensen por un instante en la esquina de L y 23, cuando todavía no existía Coppelia y el actual cine Yara se llamaba Radiocentro. En el lujoso Hotel Habana Libre, antiguo Hilton, podía desayunarse, almorzar o comer en su cafetería de la planta baja, o disfrutar del variado menú en El Polinesio. En el piso 25, el Sugar Bar y el Cañaveral, después de la confiscación pasaron a llamarse Turquino y otro nombre que ahora no recuerdo. Allí se podía beber hasta altas horas de la madrugada oyendo tríos en vivo. En el segundo piso, junto a la piscina, se podía disfrutar de Las Cañitas, tomando cerveza, daiquirí o ron Collins.

O cruzar la calle L hasta el Ember’s Club, antiguo Café de Los Artistas, de Otto Sirgo (posteriormente nombrado Bulerías), y saborear una excelente pizza napolitana por 70 centavos y macarrones con jamón por 80. O bajar por la acera del Radiocentro hasta L y 21, donde estaba el edificio del Retiro Odontológico, con una excelente, iluminada y limpia cafetería-restaurant de autoservicio en la planta baja. Y un poquito más cerca del cine estaba La Cuevita, ideal para un excelente y económico almuerzo.

Bajando por 23, en la acera de enfrente del Habana Libre, estaban El Mandarín, especializado encomida china, la Cafetería CMQ, y el Bar Alaska. De la acera de enfrente, en las instalaciones del Habana Libre, la empresa Cubana de Música Indirecta hacia agradable el ambiente a quienes contrataran sus servicios, con música instrumental todo el tiempo, sin consignas ni “teques”, y otra emisora transmitía en idioma inglés.

Rampa abajo, a un lado de la calle se encontraban los bares-clubes Tikoa, La Zorra y el Cuervo, y La Gruta, este último abierto hasta las cinco de la mañana, los demás hasta las dos o las tres; las cafeterías Wakamba, Karabalí, Balalaika, y el magnífico cine Arte y Cinema La Rampa, al que se podía acceder desde la calle o desde la cafería que hacía esquina a su lado, y que estrenaba películas simultáneamente con el Arenal, en la calle 41, después del Puente Almendares, muy cerca del reparto Kohly. Y por si fuera poco, en 23 y M, al fondo del Habana Libre, la lujosa funeraria Caballero.

Por la acera de enfrente a la funeraria, bajando por La Rampa hacia Malecón, estaban el Pabellón Cuba, otro bar bajando escaleras en 23 y N, y el Club 23 un poco más alante. Después, la Casa de la Cultura Checa -oasis socialista de buen gusto y elegancia frente a la tosquedad de “los bolos”- y al final de la calle el centro comercial La Rampa, con nada que envidiarle a los actuales Malls de Miami. Mientras en calles cercanas, muy cerca del mar, reinaban los hoteles Capri, Nacional, Saint's John, Vedado y Flamingo, con bares, shows y descargas fabulosas en los cabarets Salón Rojo del Capri, El Parisién del Nacional, El Caribe del Habana Libre y el Copa Room del Riviera.

Muy cerca, los elegantísimos restaurantes Monseigneur, donde tocaba y cantaba el inigualable Bola de Nieve; La Roca, con Frank Emilio en el piano; La Arboleda del Hotel Nacional; La Torre y El Emperador, los dos en el edificio FOCSA, así como el bar-club El Escondite de Hernando y el cabaret Las Vegas, cerca de Infanta. Otros de lujo estaban algo más alejados, como el elegante 1830, en la desembocadura del río Almendares, o Casa Potín, en Línea y Paseo. Más campechanos y cercanos, Rancho Luna, Montecatini y Club 21, y bares-clubes como La Red y El Rocco.

No pretendo mencionar ahora Tropicana, el paraíso bajo las estrellas; ni caminar por las calles Línea o Calzada, ni subir por 23 hasta 12, pasando por El Carmelo y El Castillo de Jagua; y mucho menos llegar a la zona del Parque Central, en el Prado habanero, y sus hoteles, bares y cabarets circundantes, incluidos el Sevilla, el Sloppy Joe’s y El Floridita. Ni recordar que muchos, tras salir de esos maravillosos centros habaneros que se encontraban por todas partes, iban a tomarse una sopa china, o a un Mar-INIT, a comer camarones con mayonesa y ketchup.

Ni irme por la calle 17 hasta el club Imágenes de Frank Domínguez, o al Cabaret Sierra en Cristina y Luyanó, o al mítico Alí Bar, en las afueras de La Habana, con Benny Moré y las inconfundibles voces que cantaban junto a él, como Fernando Álvarez, Orlando Vallejo o Celeste Mendoza. Ni a las más humildes descargas de la zona de bares y cabarets de la Playa de Marianao, como Pensilvania, Rumba Palace o Panchín, territorio por donde habían deambulado clientes como Marlon Brando, Ava Gardner, Agustín Lara y Errol Flynn, y actuaban leyendas cubanas como el timbalero El Chori.

Sin embargo, si de descargas se trata, es imprescindible mencionar las de Su Majestad Elena Burke, la Señora Sentimiento, con su guitarrista Froilán Amézaga en el Scherezada, a un costado del edificio Focsa, con cojines para sentarse en el piso, pues no había sillas.

Y las de madrugada en el Pico Blanco, en el piso 15 del Saint's John, donde espontánea e intermitentemente desfilaban y compartían ratos maravillosos y tragos junto al piano figuras de la talla de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Pacho Alonso y Felo Bergaza, entre más.

O las otras descargas improvisadas en cualquier lugar nocturno de esa Habana vigorosa e incansable, donde podía encontrarse a Marta Valdés, Moraima Secada, Doris de la Torre, Myriam Acevedo, Omara Portuondo, Frank Domínguez, Martha Strada, Soledad Delgado, Marta Justiniani, Meme Solís o Blanca Rosa Gil.

¿Por qué hubo que destruir todo eso? ¿En función de qué? El régimen ha tratado de reconstruir algunos de esos centros emblemáticos, pero, como siempre, cada vez que lo intenta se queda corto y le falta “feeling”.

Eugenio Yáñez
Cubaencuentro, 25 de agosto de 2016.
Foto: Elena Burke en una descarga con Omara Portuondo, Moraima Secada y el guitarrista Martín Rojas. Tomada de Cuban Music Lady of the Feeling.
Leer también: La Habana nocturna.

jueves, 6 de julio de 2017

Jinetear, un modo de vida


Desde el balcón de su apartamento en un edificio al oeste de La Habana, José Mario, desempleado, observa a un vecino que de un añejo Chevrolet 1954 baja dos cajas de cerveza, un pernil de cerdo y seis de botellas de ron.

Entonces comienza la estrategia para ‘pegarse a la fiesta’. Es simple. Consiste en sumarse a cualquier grupo de conocidos y beber cerveza o comer sin tener que gastar un centavo. Los hay que son auténticos expertos.

"El hombre nunca se mete la mano en el bolsillo. Siempre está a la caza de un ‘puntico sabroso’ (persona con dinero) para soldarse a su lado y vacilar sin tirar un peso pa’lante”, cuenta Daniel, vecino de José Mario.

En Cuba han florecido estos pillos pintorescos que asisten a discotecas de moda, beben ron añejo y hasta ligan una chica gracias a sus amigos. Cuando ven cerveza, comida y prostitutas, se suman a cualquier guateque.

Por indulgencia, algunos de socios lo aceptan. “Suelen ser unos pobres diablos que no tienen posibilidades de divertirse. Y lo usual es que se peguen a sus amigos. No todos en Cuba pueden tomar cerveza de calidad o armar una pachanga con putas al compás de un reguetón”, opina Erasmo, dueño de una cafetería que oferta sandwiches y comida criolla.

Josefa, ama de casa, señala que dentro de la propia familia ha comenzado a verse “ese comportamiento de sumarse a comelatas y festejos sin gastar un centavo. No siempre son parientes pobres o sin poder adquisitivo. A veces son familiares que tienen dinero, pero ya se han habituado a fiestear a costa de otros. Andan a la caza de cumpleaños, bodas, cenas de nochebuena, celebraciones por navidad o fin de año”.

Alex, un joven musculoso dueño de un gimnasio, recuerda que el día de su boda se “coló un montón de gente que yo no invité. Se quedaron bebiendo hasta el amanecer y antes de irse, pidieron cajitas con raciones del buffet o de cake, para llevarse a su casa. Unos verdaderos descarados".

El verbo 'jinetear' surgió en Cuba a principios de la década de 1980. En el argot del bajo mundo se denominaban 'jinetes' o 'jineteros' a los agiotistas que compraban dólares a turistas extranjeros de manera clandestina.

“Yo fui jinetero. Por las tardes me iba con un grupo de socios para La Rampa, en el Vedado, a comprar fulas por la izquierda. Se adquirían a cuatro pesos por cada dólar y había que estar jugándole cabeza a la policía. Con esos dólares se compraba pacotilla (ropa barata) en las tiendas destinadas a extranjeros y la pacotilla se revendía en la calle. La ganancias eran de hasta un 300%”, rememora un tipo que ya peina canas.

Con el tiempo, 'jinetear' se volvió sinónimo de prostitución femenina. Internacionalmente se hicieron famosas las mulatas o negras cubanas con cuerpos esculturales, que por 50 o 100 dólares la noche, se acostaban con turistas blancos que podían ser sus abuelos.

Las jineteras de la Isla se diferenciaban y se siguen diferenciando de sus homólogas de Tailandia o Río de Janeiro. No por el físico ni su nivel cultural. Si no porque las cubanas no se limitan a vender sexo: intentan establecer una relación afectiva que trascienda en el tiempo, con la intención de que desde el exterior las mantengan, girándoles dinero.

El objetivo final de una jinetera es tratar de conseguir un apetecido matrimonio que les permita largarse del país. Más que por dinero, las cubanas se prostituyen en busca de una visa.

Pero los tiempos cambian y en la actualidad, sexualmente jinetean desde estudiantes de secundaria y bachillerato hasta universitarios, de los dos sexos y de cualquier raza.

El nuevo jineterismo en ocasiones es alentado por los propios padres o controlado por proxenetas de la peor calaña. Y con una permisividad policial que mira hacia otro lado, mientras por debajo de la mesa cobran coimas en dinero o especie o tienen una tanda de sexo exprés con la jinetera o pinguero.

Pero 'jinetear' también se denominan actitudes menos conocidas. Ileana, empleada de una empresa, pone un ejemplo: “En mi trabajo, los más pícaros siempre están atentos, para complacer al jefe mediantes regalos y guataconerias y les autorice viajar al extranjero. Todo vale si se trata de 'jinetear' un viaje, incluida una buena brujería ”.

Cuando cubanos que residen al otro lado del charco vienen de visita a La Habana, perciben otra forma del singular jineteo nacional. “Ya es a la cara. Ni siquiera te saludan o te preguntan por la familia. Abiertamente, te dicen: Socio, tírame un salve. O sea que lo invites a comer en una paladar de calibre, tomar cerveza o mejor aún, que le regales veinte o treinta dólares. Son como las sanguijuelas. Se justifican diciendo que las cosas en Cuba están en candela”, subraya Yusnier, un habanero residente en Miami.

Jinetear, hoy en Cuba son varias cosas a la vez. Ninguna honesta. Es prostituirse de diversas formas.

Iván García
Foto: Tomada de The Reddit Mirror.
Ver también: Qué buscan los cubanos en internet.

lunes, 3 de julio de 2017

El derrumbe, una estrategia de comunicación del PCC


En la interesante tesis de doctorado del noruego Even Sandvik Underlik, Cuba fue diferente, el autor entrevistó a 17 militantes del Partido Comunista de Cuba, veinte años después del derrumbe del socialismo euro-soviético para rescatar la visión del partido único cubano sobre la perestroika y el fin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La mayoría de los entrevistados fueron funcionarios de alto nivel en el país y reflejan y analizan el tipo de información que recibieron en la época y la línea que adoptó el partido para todos sus militantes: hay que encontrar las diferencias con el modelo soviético y no se puede discutir las semejanzas con Cuba sino las diferencias.

Señala el autor: “Castro dio órdenes al Comité Central del PCC de preparar de forma confidencial argumentos contra la perestroika, “enfatizando diferencias entre Cuba y la Unión Soviética en tamaño, grado de desarrollo económico y social, historia, cultura y tradiciones”.

Como testigos de ese período en Cuba, los profesores de la Universidad de La Habana, fuimos llamados a una reunión en la cual se nos puso un video de Fidel Castro en el que decía: “Ahora el veneno nos viene del espíritu santo”, en el entendido que la perestroika era el veneno y el espíritu santo, el país del cual habíamos recibido una cuantiosa ayuda: la URSS.

El video fue para mí otro disparate de Fidel Castro porque no lograba fundamentar por qué la perestroika era un “veneno”. Siempre entendí que esta estrategia de negación, significaba que su poder estaba siendo cuestionado por aceptar la copia ideológica, política, económica, jurídica, social y organización cultural, el mismo sistema de seguridad y represión, y por lo tanto tenía las mismas consecuencias.

Su desacuerdo no era más que la evidencia de su incapacidad política para proponer y promover otras alternativas. Nunca le interesaron los múltiples problemas sociales, económicos, políticos y culturales que creaba el modelo soviético. No tenía hondura intelectual y política ni interés para planteárselos, también prohibía a los demás hacerlo. Su interés era la ayuda recibida de la URSS.

Como partido militarizado de ordeno y mando, y como régimen político tiránico, nadie más pudo manejar la interpretación de la perestroika en la URSS. Se le “dejó” a Fidel Castro que en sus discursos orientara lo que había que saber, pensar y lo que se debería decir en medio de la crisis más profunda de la historia cubana. Ése es otro resultado nefasto del monopolio partidario de los medios masivos de comunicación y del régimen político tiránico de partido único: el embrutecimiento de la población y la ausencia de alternativas.

Mientras en público, en sus discursos de la época decía que era necesario investigar las causas del derrumbe o “desmerengamiento” del campo del “socialismo real”, a espaldas de los ciudadanos reprimía cualquier análisis sobre el modelo económico, social, jurídico y político copiado por Cuba, hasta el suspiro. Para el “mesías” -y así lo trasmitió a sus militantes- el derrumbe era un asunto de blandura o de firmeza de macho alfa, nunca una responsabilidad por las políticas públicas del país.

No importa si esto tenía repercusiones nefastas en la vida de millones de ciudadanos, por desinformación y represión de la opinión pública y académica. No importa si la desinformación impedía el debate de las alternativas a la crisis al mismo tiempo que las reprimía. El “mesías”, seguía pensando el país como su dominio personal y no tenía propuestas políticas alternativas viables. La ausencia de soluciones a los problemas acumulados los dirigió Fidel Castro, a la regresión hacia los voluntarismos de los años 60 que habían demostrado su fracaso.

Lo más lamentable del asunto es que sus militantes aceptaron sumisos y hasta represivos (algunos mencionan su papel en los actos de repudio), la errática política del “mesías” y en sus entrevistas mostraron una mediocridad vergonzosa para analizar las causas del derrumbe euro-soviético y las alternativas.

Uno se pregunta si queda alguien ilustrado, sensato y honesto en las filas del Partido Comunista de Cuba o si solo quedan funcionarios e intelectuales de muy bajo horizonte cultural y político. También, si la postura de “macho alfa” que se utiliza sólo contra los reprimidos y no contra los represores, demuestra el estado cavernícola del PCC y de su militancia.

El caso es que aún es un tabú hablar del derrumbe del modelo copiado en Cuba y por eso la falta de alternativas a los problemas estructurales heredados. El gobierno cubano hace círculos alrededor de los mismos problemas estructurales, se estanca, reprime el debate y el país continúa en recesión.

Sandvik analizó la cobertura de prensa sobre el derrumbe en el periódico Granma desde 1989 a 1992 y entrevistó a los militantes en 2013. En su análisis, concluye sobre la poca información que ofrece el Granma sobre los acontecimientos en la URSS, de lo cual solo se publica algo sobre el debate económico entre dos propuestas de reformas en ese país.

Sin embargo, algo se publica con respecto a la RDA (República Democrática Alemana), sin mencionar la caída del Muro de Berlín, sino la apertura de fronteras del Partido Socialista Unificado de Alemania. La muerte de la pareja Ceausescu en Rumania y el movimiento Solidaridad en Polonia son mencionados en recuadros secundarios del periódico.

Llama la atención como todos los militantes entrevistados, siguen la consigna del militarizado partido leninista cubano, una actitud que demuestra la falta de autonomía de los militantes y la aceptación de cualquier orientación por muy en contra de los intereses de la población que pueden resultar. Hasta ahora, esos mismos militantes y su partido evidencian la falta de capacidad política de la dirección en aquella época y en la actual, para propiciar y consensuar un cambio estructural del socialismo real cubano, en crisis desde 1990.

La nefasta construcción de un partido militarizado (leninista) cubano ha hecho posible, junto al tratamiento de la realidad interna del país de manera esquizofrénica -los medios masivos de comunicación demuestran una ruptura sistemática con los problemas del país- que, 27 años después de la caída del Muro de Berlín, el país no avance para salir de su crisis estructural, no reconocida por sus propios intelectuales y funcionarios “orgánicos”: ¿mordaza, autocensura o represión?

Marlene Azor Hernández

jueves, 29 de junio de 2017

La Habana, ciudad llena de brujerías


La aparición de animales muertos y el olor nauseabundo que dominaba la calle hicieron creer a Mayra que el solar yermo limítrofe con su casa, en el Reparto Eléctrico, en el municipio Arroyo Naranjo, La Habana, se había convertido en depósito de animales muertos en ofrenda a los orishas.

El final de la historia se asomó en la cara de un perro callejero, con una gallina muerta entre los dientes. El animal andaba por la calle como si regresara del mercado, dispuesto a guardar su adquisición en el solar yermo, donde almacenaba la pata de un carnero y varias palomas sacrificadas.

Las consagraciones a las deidades afrocubanas saltan de forma simultánea a la vista, y al olfato de los transeúntes, en los parques y calles de toda la ciudad. Las “brujerías” en las calles, pasaron de la rareza al hábito de convivir con animales muertos que contaminan el medio ambiente urbano.

Encontrarse en la vía pública con una cabeza de cerdo cocinada, dentro de una cazuela de barro, ya no resulta raro. Tampoco los olores de gallinas, palomas y animales de cuatro patas, depositados en una de las cuatro esquinas de cualquiera de las principales avenidas habaneras.

Marco Antonio, limpiador de la Empresa de Servicios Comunales, menciona lo que se encuentra a diario en las calles. “La brujería está donde quiera. Todos los días me encuentro palomas, cocos, cabezas de puerco, gallinas".

Al cordón de ofrendas religiosas que ahoga a la capital cubana, se suma a la inestabilidad e ineficiencia en la recogida de desechos sólidos. Cada vez se reduce más la higiene ambiental y se amplía el riesgo de las epidemias que en el verano suelen cebarse en la isla.

Durante la realización de este reportaje, constatamos que resulta difícil la conciliación de criterios con respecto al depósito de ofrendas en lugares públicos.

La causa de que las diferentes denominaciones religiosas afrocubanas alejen el tema del debate, se encuentra en su principio: la religión afrocubana no puede prescindir de las ofrendas. La religiosidad basada en devociones de alianza y agradecimiento entre las deidades y sus devotos no deja opciones.

Al respecto, el doctor Lucas Vegas, miembro jerárquico religioso de la Sociedad Yoruba de Cuba, declaró: “En el orden ortodoxo de la religión, no podemos cambiar las ceremonias. Cuando se ponen alimentos en la vía pública hay que hacerlo de una forma adecuada. Casi siempre es en el borde de la vía, para que al día siguiente los servicios comunales puedan limpiar y no crear proliferación de roedores”.

Jorge Enrique Figueredo, sacerdote de la religión afrocubana, considera que las causas de la contaminación tienen que ver más con la educación que con las reglas religiosas. “Sacrificamos para poder obtener bendiciones o beneficios, pero es la conducta lo primordial para tener todo tipo de bendiciones, para lograr las cosas que necesitamos”.

Dentro de la jerarquía religiosa, algunos prefieren no hablar en contra de la premisa de la consagración afrocubana. Los más conservadores recomiendan organizar el depósito de la ofrenda, sugieren envolverla y realizar la práctica en horarios nocturnos. Otros, más liberales, consideran que la ofrenda debe depositarse en un contenedor de basura después de haber transcurrido un tiempo del ofrecimiento.

Los creyentes y no tan creyentes de la religión yoruba acuden a ella para resolver sus problemas. Interpretándolo así y conociendo la difícil vida que llevan los cubanos, hay más cola para consultarse con un santero que un médico.

El Estado cuenta con varios decretos sanitarios que abordan las contravenciones en materia de higiene comunal. El No.272, Artículo 18, inciso M, trata sobre le vertimiento de desechos sólidos en la vía pública, imponiendo sanciones de 100 pesos por afectar la salud ambiental.

Los reporteros visitamos la sede de la Dirección Integral de Supervisión y Control, cuyos funcionarios son conocidos popularmente como “inspectores integrales”. Uno de ellos que, no se identificó, explicó que “no (ocurre) con frecuencia, pero se imponen multas, sobre todo cuando se contaminan las aguas de los ríos”.

Texto y video: Augusto César San Martín y Rudy Cabrera
Cubanet, 3 de mayo de 2017.

lunes, 26 de junio de 2017

Ñañiguismo y masonería están de moda



Tipos de mecha corta, machistas y homófobos nacidos en barrios pobres y mayoritariamente negros de La Habana profunda, comparten una aspiración: iniciarse en una secta abakuá o enrolarse en una discreta institución de masonería.

A los 19 años, Daniel mató un hombre luego de propinarle varias puñaladas con un cuchillo de carnicero. Un par de semanas antes había entrado en un plante denominado Nankabia.

Daniel tiene ahora 39 años. “Lo maté por un problema de hombría, porque me agredió verbalmente en público. El complejo de inferioridad y la instigación de mis ecobios no me dejaron otra opción”, cuenta sentado en un parque del reparto Mónaco, en La Víbora.

Entre muchos jóvenes capitalinos se ha puesto de moda iniciarse en ritos como la santería, el palo, ñañiguismo o masonería. “Es una manera muy particular de integrarse y ser reconocido. Más que por fraternidad o creencia religiosa, lo hacen para demostrar su masculinidad y valor. Algunos plantes abakuá se han desvirtuado y son lo más parecido a carteles mafiosos”, opina Samuel, viejo ñáñigo habanero.

No siempre fue así. Según Samuel, los abakuá eran gente decente, trabajadora y respetuosa con su familia. “No hace falta ser abakuá para ser hombre, buen padre y esposo. Incluso hubo ñáñigos que lucharon por los derechos de los obreros, como Aracelio Iglesias, líder sindical de los portuarios, asesinado en 1948 ”.

Pero José Julio, etnólogo, afirma que "el ñañiguismo tenía fama de ser algo exclusivo y el entorno marginal o violento los inducía a cometer delitos de sangre. Son sociedades netamente machistas. Y en sus inicios, mayoritariamente negras. A principios del siglo XX André Petit, blanco y proxeneta habanero posteriormente asesinado fue una excepción. Después del triunfo de la revolución, los plantes abakuá se han amulatados”.

El ñañiguismo es una religión afrocubana de larga data. Sus antecedentes se ubican en la región nigeriana de Calabar. Y según cuentan, la organización tiene como base un mito africano que narra la historia de la violación de un secreto por parte de una mujer: la princesa Sikán encuentra al pez sagrado Tanze y reproduce su bramido en el tambor sagrado Eku.

En Cuba la asociación nació entre los negros esclavos en los inicios del siglo XIX. La primera sociedad abakuá de blancos surgió en los primeros años del siglo XX. Su creador fue Andrés Facundo de los Dolores Petit, conocido también por sus aportes a la regla del Palo con la elaboración del cuerpo conceptual y ritual de la variante Kimbisa.

La sociedad secreta abakuá cubana es la única de su tipo en el continente americano. Solamente se practica en La Habana y Matanzas y se calcula que tiene medio centenar de templos. Los sellos son la representación de cada juego o potencia abakuá. Existen alrededor de 130. En estas sociedades solo admiten hombres heterosexuales. No se puede ser gay. Tampoco un tipo flojo o de pocas agallas.

En las duras y superpobladas cárceles cubanas, donde el 70 por ciento de los reos son negros o mestizos, se han creado plantes donde se inician en lo peor de la condición humana, asegura René, abakuá de un juego llamado Efí Ubetón.

“Tengo ecobios que por diversos motivos han estado presos y me cuentan que en el Combinado del Este -cárcel de máxima seguridad en las afueras de la capital- se creó un plante que denigra a nuestra asociación. En ella se han jurado homosexuales, asesinos y gente de baja calaña”, comenta René.

En La Habana, es habitual observar a jóvenes saludándose con el típico gesto de los abakuá o añadir a su nombre de pila el juego al cual pertenecen.

La masonería es otra de las sociedades secretas que capta la atención de marginales y delincuentes juveniles. Rogelio, masón, dice que su institución intenta preservarse de influencias dañinas.

“La crisis económica y la falta de espiritualidad ha llevado a muchas personas a enrolarse en cualquier religión o secta. La masonería tiene una extensa historia en el continente americano. La mayoría de los independentistas en Sudamérica o en Cuba fueron masones. Desde Simón Bolívar a Antonio Maceo. Es cierto que en nuestra institución han existido fallas a la hora de captar miembros. Hasta se dio el caso de un masón de alta jerarquía que fue agente de la Seguridad del Estado. Pero esas cosas están cambiando. Comparado con el ñañiguismo, que se ha desvirtuado en su esencia, la masonería cubana mantiene su honorabilidad”, afirma Rogelio.

Mientras el Partido Comunista cada año pierde adeptos y a un segmento numeroso de las nuevas generaciones no les interesa ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, la santería, ñañiguismo, masonería, espiritistas, Testigos de Jehová y las iglesias protestantes y evangélicas, a diario ganan espacio.

Es otra manera de escapar a la absurda narrativa oficial.

Iván García
Foto: Tomada del periódico Trabajadores.
Leer también: Jerarquía católica cubana, a la sombra del poder.

jueves, 22 de junio de 2017

Atrapados por el rigor castrense de las escuelas militares



De día viste uniforme verde olivo e imparte clases en una escuela de cadetes. De noche se maquilla con colores subidos, se pone un vestido ceñido, tacones de puntera afilada y gafas onda retro.

Llamémosla Yamila. Tiene 21 años, es alumna de una escuela militar y en su tiempo libre acude con un grupo de amigas a beber unas copas y bailar al compás de Shakira o Maluma en un bar privado al oeste de La Habana.

Su deseo es ligar un novio extranjero, casarse y largarse de Cuba. “Desde mi adolescencia he estado becada en escuelas militares. Ya en el preuniversitario, como muchas de mis amigas, queríamos dejar la vida militar. Pero no es tan fácil. Cuando estudias una carrera en la enseñanza castrense, si quieres renunciar, debes esperar dos años para poder ingresar en una universidad de educación superior”, comenta Yamila.

Por falta de profesores, Yamila debe impartir clases en una escuela de cadetes. “Las privaciones son muchas. Existe un mandato en las instituciones militares en Cuba, el Ordeno del Comandante, que nos impide comunicarnos con parientes que viven en el exterior, tener amistad con personas desafectas al gobierno, leer prensa extranjera o libros considerados 'contrarrevolucionarios' y, por supuesto, tener novios extranjeros. La contrainteligencia militar nos tiene montado un gardeo tremendo. Cualquier violación se paga con una sanción de reclusión o un juicio en un tribunal militar”.

Aunque la casta verde olivo en la Isla goza de no pocos privilegios, como villas de descanso, venta de alimentos, ropa y calzado a precios subsidiados, posibilidad de tener un apartamento o comprar un auto, la oficialidad de mediano y bajo rango no suelen ser beneficiada.

“Nos dan una cuota de cigarros con peste a viejo, algunos productos de aseo y unas libras de viandas, pollo y arroz. A cambio de lealtad absoluta al Partido, Fidel, Raúl y los jefes”, apunta un sargento.

Las instituciones militares tienen una enérgica presencia en la vida nacional. En la vieja mentalidad caudillista de los hermanos Castro, Cuba es un archipiélago amenazado por el ‘imperialismo yanqui’, que espera la más mínima debilidad para agredirnos.

A tono con esa concepción, la autocracia isleña ha diseñado una formidable estructura militar imbricada en todos los reglones económicos que aportan moneda dura. Ya sea administrar hoteles, empresas de punta o las telecomunicaciones.

Los cañones anacrónicos y herrumbrosos tanques T-62 de la etapa soviética descansan en refugios soterrados y en un futuro próximo pudieran exportarse como chatarras.

En los años que Fidel Castro tenía un cheque en blanco cedido por el Kremlin, el ejercito tenía más de un millón de hombres en armas, tres mil tanques de guerra y una flota de casi trescientos aviones de combate. Era el más grande de América Latina. Por vez primera en la historia de Cuba, sus fuerzas armadas participaron en guerras en el extranjero. Y en 1962, con la anuencia de Fidel Castro, llegó a emplazar cohetes atómicos cedidos por Nikita Kruschov.

Luego que el comunismo ruso dijera adiós, el atraso productivo y económico local fue el catalizador para una reducción importante en las fuerzas armadas.

Ahora mismo, el ejército de tierra, mar y aire cuenta con alrededor de 170 mil miembros y una reserva de dos millones de hombres. Todavía demasiado grande para un país pobre que no juega ningún rol en la órbita del liderazgo mundial.

El futuro de Cuba es el turismo, y si se invierte, el conocimiento humano y saber capitalizar las inversiones foráneas. Como Costa Rica, no necesitaría ejercito y desde ahora debieran derogar el Servicio Militar Activo.

Esa carga onerosa lastra el crecimiento económico en una sociedad envejecida. La respuesta de las autoridades a un ejército sin contenido de trabajo fue reconvertirlo como protagonista y albacea de la economía nacional.

Actualmente, los militares controlan el 80% de la economía y el holding GAESA igual administra la elaboración de carbón de marabú, 30 mil habitaciones de hoteles que el Puerto del Mariel, a 40 kilómetros de La Habana.

“Pensando en ese futuro, es que las FAR no quieren que los estudiantes de carreras militares la abandonen. Para la alta oficialidad, nosotros somos el relevo para fiscalizar y gestionar las empresas rentables en el país. Pero para llegar hasta ahí, hay que soportar desmanes y cumplir normas anacrónicas”, cuenta Yamila, quien ve su futuro lejos de Cuba.

El régimen cubano es un como un dragón de dos cabezas y un escudo.

Una cabeza, la pensante, de líderes históricos que gobiernan a perpetuidad y que en un futuro se rotarán en estrambóticas elecciones con la participación de candidatos de un solo partido.

La otra cabeza es la Seguridad del Estado, que fiscaliza, reprime y sanciona el pensamiento liberal y a la disidencia que apuesta por un capitalismo moderno y democrático.

El escudo lo conforman unas fuerzas armadas que como teatro de operaciones tiene la administración de los negocios de la junta militar. Un capitalismo de Estado en toda regla. Como el Vaticano. Pero sin Papa.

Iván García
Foto: Estudiantes de escuelas militares durante un desfile por la Plaza de la Revolución. Tomada Gentleman's Military Interest Club.

lunes, 19 de junio de 2017

Jineteras especializadas



El sol transforma en un horno los adoquines del desolado parque de las palomas, contiguo a la Lonja del Comercio. Algunos turistas caminan por los tenderetes privados de La Habana antigua que venden maracas, tumbadoras o los mismos lienzos de siempre con viejos autos estadounidenses pintados en colores brillantes y la Catedral de fondo.

Pero Yanisbel (los nombres han sido cambiados) escudriñaba desde su mesa en un café al aire libre a un grupo de gringos maduros que bebían un mojito tras otro, como si fuera limonada.

A menos de cien metros, reposaba el crucero Adonia y sus pasajeros, desperdigados por la ciudad, con guías turísticos recorrían mercados cercanos para comprar habanos y ron añejo, otros se hacían fotos.

Pero estos norteamericanos optaron por un maratón alcohólico. Yanisbel y su amiga, en apariencia de manera casual, se llegaron a la mesa con el viejo truco de pedirles una fosforera para encender sus cigarrillos mentolados.

Un vestido ceñido con escote atrevido, un perfume anestesiante y una gestualidad corporal -y universal- de hembra en plan de fiesta, siempre causa el efecto deseado en un grupo de hombres después de haberse bajado media de docena de mojitos bien cargados de ron.

“De diez veces, nueve damos en el blanco. Esa jugada no falla. Los tipos comenzaron a flirtear, y cuando vieron que hablábamos inglés, entraron en confianza. Tres horas después estábamos bailando salsa. Por la noche nos invitaron a Tropicana y matamos la jugada en un apartamento de alquiler en el Vedado. A mi amiga y a mí nos pagaron 200 dólares. Hicimos casi de todo”, cuenta Yanisbel con una sonrisa pícara.

El reciente flujo de visitantes y turistas procedentes de Estados Unidos, ha provocado nuevas estrategias en la fauna marginal que vive de la prostitución y de negocios por la izquierda.

Los yanquis tienen fama de ser espléndidos. “Ni los españoles ni los mexicanos pagan más de 50 dólares por una noche. A no ser que se reprendan con una chica o chico”, comenta Yusnier, que es pinguero, como en la Isla le dicen a quienes se dedican a la prostitución masculina.

Supuestamente, los estadounidenses que viajan a Cuba deben enrolarse en alguna de las doces categorías autorizadas por el gobierno de Barack Obama bajo el acápite de 'contactos pueblo a pueblo'. Pero esas normas son letra muerta.

“Le llaman las doce mentiras. Cualquiera en Estados Unidos propone un proyecto de viaje y saca el boleto rumbo a La Habana. No se puede hacer turismo, pero ¿quién va venir a Cuba y no visitar Varadero o tener sexo con una cubana joven y bonita? Es el mejor contacto pueblo a pueblo que puede existir, porque además le ayuda a aliviar su precaria situación económica”, expresa un turista estadounidense que viajó en el crucero Adonia el lunes pasado.

Es raro encontrar una jinetera cubana que al menos no sepa un par de oraciones en inglés. “De las películas pornográficas aprendí a decir Oh, my God, y otras expresiones cuando estoy haciendo sexo con un yuma. Cuando la arribazón de yanquis comience de verdad, las jineteras que no hablen inglés se morirán de hambre o tendrán que buscar el dinero con clientes del mercado nacional”, expresa Noemí, una trigueña que asegura haber gastado el equivalente a 350 dólares en colocarse implantes en caderas, nalgas y senos.

Camila alterna sus estudios de bachillerato con la prostitución ocasional, y cree que al estadounidense promedio le gusta la mujer con cuerpo natural. “Da igual si son negras, mulatas o blancas, pero que al menos tengan una conversación inteligente. Ahora hay que cultivarse más. No todos los yumas ni los europeos vienen en busca de sexo. Muchos desean conocer detalles de esa cosa rara que se llama Cuba”, subraya.

Yesenia cuenta su estrategia para cazar turistas de billeteras macizas, fundamentalmente cubanoamericanos. Su meta final es emigrar a Estados Unidos. “Quiero empezar haciendo Pole Dance en una discoteca en Miami Beach e ir guardando dinero para abrir un gimnasio o una peluquería”, confiesa.

Antes, Yesenia debe ir en busca de clientes. “Suelo ir a bares de renombre como el Floridita o Sloppy Joe's y a paladares caras, a ver si pesco un yuma. De mi bolsillo me he pagado dos noches en un hotel 'todo incluido' de Varadero o Cayo Coco. Es una inversión rentable. Cuando regreso a mi casa, vengo con 500 o 600 pesos convertibles”.

Luisa, una morena que alguna vez fue jugadora de baloncesto juvenil, considera que una buena conversación, ser agradable y educada es la mejor carta de presentación. “No es aconsejable vestirse como una prostituta ni con ropa del Dolarazo de Miami. Mi meta es enganchar a un tipo que me saque de esta mierda de país. Si me puedo ir casada, mucho mejor”.

Jineteras cubanas de cualquier categoría, ya sean putas baratas, de clase media o 'grandes ligas', se diferencian de sus homólogas en América Latina porque más que sexo, buscan una visa. A cualquier sitio. Preferentemente a USA.

Iván García
Foto: Tomada de El Cubano Intransigente.

jueves, 15 de junio de 2017

Las mafias que heredará la Cuba del futuro



Cuando llega el momento de contar y repartir el dinero siempre buscan a Gerardo (los nombres han sido cambiados), un tipo ocurrente que bebe ron como un cosaco.

En una oficina estrecha y climatizada, encima de un buró de cedro, se apilan decenas de paquetes con billetes, de acuerdo su denominación. A la derecha, el devaluado peso nacional. A la izquierda, el peso convertible.

El administrador, su segundo o Gerardo, el jefe de almacén, son los únicos autorizados para distribuir el dinero. Gerardo cuenta con la agilidad de un tahúr profesional. “No me gusta usar la máquina de contar billetes. Prefiero hacerlo manualmente, a la vieja usanza. El administrador se lleva un 20 por ciento más. El segundo administrador y yo, a partes iguales. El resto es para repartir entre el jefe de la empresa, el director de gastronomía municipal, el tipo que está al frente de la inspección y un fondo que tenemos en caso de reparaciones”.

En todos los centros nocturnos, cafeterías y restaurantes estatales es más o menos igual el procedimiento. “Los que venden menos, ganan menos y para arriba reparten menos cantidad. Lo que ganan más reparten más. Ha sido así toda la vida. Da igual que sea una unidad gastronómica o un cabaret y que la empresa pertenezca a Recreatur o Palmares. En Cuba, todas las empresas de Comercio Interior, CUPET, turismo o gastronomía lucran con el dinero del Estado. Y cuando digo todas, son todas. El administrador de un centro que sea honesto, los propios directivos, en combinación con los empleados, lo explotan (hacen que dimita)”, explica Gerardo.

En la Isla existen diferentes organizaciones dentro del sector de servicios y almacenes los abastecen y ganan dinero en abundancia. Las estructuras son un calco de los grupos mafiosos.

“Siguen diferentes protocolos. Hay gerentes que reparten menos entre sus trabajadores. Pero quien administra un centro de servicio del Estado, sabe que debe garantizarles el dinero a sus superiores. De lo contrario, las inspecciones y auditorías las tienen encima a toda hora. Si caes preso y no has chivateado a nadie, los directivos de la empresa te mantienen a la familia, te pagan buenos abogados y cuando sales de libertad te reintegran la negocio por la izquierda. Si se te ha ido la lengua, te entierran en vida. A los tipos molestos se los quitan de encima pagándole a un delincuente para que le propinen una golpiza”, apunta un ex directivo de turismo.

El ex directivo señala que “alrededor de los negocios que mueven comida, bebidas y divisas, siempre hay una legión de aprovechados, ya sean funcionarios del Partido municipal o provincial, altos oficiales del G-2 o la policía, a los cuales se les regalan cosas y nunca pagan cuando van a cenar o hospedarse. Llegado el caso, te sirven de instrumento”.

Para un sociólogo, las instituciones cubanas de servicios, son el embrión perfecto de futuras organizaciones criminales dentro del país. “Como ocurrió en Rusia y otras naciones ex comunistas, que no supieron hacer una limpieza a fondo con los antiguos funcionarios del régimen. Si en Cuba no barremos con esos vicios, con el dinero ganado y su red de corrupción, los clanes mafiosos controlarán futuros negocios y comprarán tribunales y hasta la misma policía. Si se apuesta por una democracia disfrazada y no verdadera, eso es lo que pasará”.

Charly, comprador en una empresa, considera que la “corrupción, distorsiones y complicidades dentro del aparato estatal es el que mantiene con vida al sistema. A nadie le interesa más que las cosas no cambien, o aparentar que cambian sin cambiar nada, que a los directivos de turismo y empresas de gastronomía, comercio, distribución y servicios. Pues te permite hacer un billete gordo por la izquierda. Aquí las cosas funcionan así. Desde otorgar una licitación hasta comprar determinado producto, tienes que mojar con dinero a unos cuantos”.

Lo peor, opina el sociólogo, “es que estas deformaciones generadas por el Estado son muy difíciles de aniquilar. Es como luchar con un dragón de múltiples cabezas, cuando cortas una, aparecen dos más. A eso súmale las pandillas, aún en embriones, de marginales que se dedican a estafar y traficar con drogas. Cuando existan mayores espacios y menor control social, se transformarán en capos de las drogas o cárteles que también querrán una parte del pastel”.

Expertos consultados consideran que lo ideal sería barrer de arriba abajo las actuales estructuras directivas de producción y servicios del país. Incluso puede que ni así se garantice que los focos mafiosos se incuben en una hipotética democracia.

En países democráticos también existen mafias y delitos de cuello blanco. El problema es que sobrevivan la menor cantidad posible.

Iván García
Diario Las Américas, 28 de abril de 2017.
Foto: Tomada de la BBC.

lunes, 12 de junio de 2017

Matones en La Habana



El detonante de la rencilla donde encontró la muerte el joven Daniel Rodríguez, con apenas 19 años de edad, fue la deduda adquirida en una pelea de gallos finos, según lo registrado en las actas de la Causa 368/2015 del Tribunal Popular de La Habana.

La riña no fue una simple trifulca a puños, sino una larga contienda de disparos con armas de fuego al estilo de un filme del Oeste. Sucedió una vez en el Reparto Eléctrico y aunque no ha pasado mucho tiempo, la gente del lugar apenas lo recuerda a fuerza de vivir acostumbrados a episodios similares.

Los ajustes de cuentas, fundamentalmente por deudas, no son hechos aislados en los barrios marginales de la capital. Aunque la violencia no alcanza los niveles alarmantes que en otras ciudades de América Latina, desde finales de los años 80, se aprecia una tendencia al aumento de los delitos asociados e incluso se registra la aparición de figuras propias del llamado “crimen organizado”.

Si bien el matón o sicario no es un personaje nuevo en el mundo de la delincuencia habanera, hoy en día es más frecuente escuchar hablar en la calle de la posibilidad de contratar los servicios de un criminal para resolver querellas relacionadas con el juego de interés, la prostitución, incumplimientos de préstamos monetarios, comercio de drogas, tráfico de personas e incluso cuestiones de la vivienda y sus enredadísimos trámites de legalización.

Abundan los testimonios de personas que han vivido la pesadilla de que algún enemigo les haya colocado precio a sus cabezas o a las de algún familiar cercano. Es el caso, por ejemplo, de Xiomara Verdecia, madre del joven Daniel Rodríguez, quien cuenta cómo días antes de que le mataran al hijo, había visto a los matones rondar la casa:

“Venían en un carro y se parqueaban delante de la casa. Allí pasaban rato, así un día tras otro. Le estaban cazando la pelea”, me cuenta Xiomara, que pudo haber perdido a su otro hijo, Yunier, actualmente en prisión por el delito de tenencia de armas de fuego.

Hace apenas unos meses, medios de prensa independiente reportaron el asesinato de una persona en la zona wifi del Parque Fe del Valle, al comienzo del Bulevar, en San Rafael y Galiano.

No se ofrecieron demasiados detalles del suceso y la policía, como es usual en Cuba, jamás se pronunció públicamente sobre el caso. Sin embargo, se intuye que la acción fue ejecutada por un matón.

“Los pocos testigos que hay vieron a un sujeto descender de un carro y aproximarse directamente a la víctima a la que ultimó de una sola puñalada. Era muy temprano, casi no había nadie. De inmediato, y con tremenda frialdad, lo vieron volver de nuevo al carro y huir del lugar”, comenta un funcionario de la policía.

Para quienes conocen la realidad desde el mismo epicentro del fenómeno, el caso del Parque Fe del Valle, es la típica ejecución de un sicario y no una elemental pelea entre dos rivales:

“No hubo una discusión previa, simplemente llegó y lo mató. Eso es lo que hace el matón. No se pone a discutir, hace su trabajo lo más limpio posible y no establece comunicación con la víctima. El matón hace el trabajo y ya”, explica Roger, alias El Pochi, quien guardó prisión durante quince años por un delito de asalto con arma blanca.

Alberto, un recluso que cumplió sanción en una prisión de Sancti Spíritus por el delito de tenencia de armas de fuego y asesinato, y actualmente en libertad condicional por buena conducta, nos ofrece una visión diferente. Para él no existe un patrón que defina el trabajo de los sicarios pues no todos lo consideran un oficio sino un trabajo circunstancial.

“No es que fulanito o menganito se dediquen a eso. Es que tú estás en problemas y necesitas que te ayuden y entonces aparece alguien que a veces hasta por 20 fulas (dólares) da una golpiza, quema un taller, mata unos animales... Matar a alguien siempre cuesta más, pero igual, porque son gente a las que tú les dices, 'oye, me hace falta que me quites a fulanito de encima, y el tipo se encarga por 200, 500, mil fulas... No creo que exista mucha gente que se dedique a eso, son gente que aparece y ya. Yo nunca he conocido a ninguno aunque, claro, nadie te va a decir que lo es”, asegura Alberto.

Aunque oficialmente se hace silencio sobre estas cuestiones, que no ayudan a proyectar una buena imagen del país o que pudieran cuestionar la eficacia de una ideología socialista por su incapacidad de erradicar lacras sociales que, supuestamente, solo habrían de ser generadas por sociedades capitalistas, los tribunales y las fiscalías procesan estos asuntos.

Tatiana Reyes, abogada que ha atendido algunos de estos casos, dice que se están viendo con más frecuencia. “Se reconoce que existe la figura del matón y que los cambios que ha habido en la economía cubana, la aparición de la propiedad privada, el mercado negro, la corrupción ha provocado un aumento de la criminalidad. Ya no es el delincuente de los años 90, en pleno período especial, que asaltaba para quitar un par de zapatos o para arrebatar una cartera a una anciana, ahora cuando se habla de criminalidad hay que incluir el tipo al que se le paga para que destroce un bar o una paladar que le hace competencia a otros, el tipo al que se le paga para que le corte la cara a una jinetera que engañó al chulo, y está el que mata porque ya se habla de miles de dólares, de cientos de miles de dólares en deudas de juego, en bancos privados, en drogas”.

Librado, un guantanamero que residía temporalmente en La Habana y actualmente cumple prisión en Santiago de Cuba por haber lesionado a una persona en una pelea callejera, en conversación telefónica nos cuenta sobre su experiencia personal:

“A mí me mandaron a matar, no tengo duda sobre eso. Yo no conocía al tipo personalmente pero sí lo vi algunas veces en las peleas de gallos. Pero en ningún momento él y yo acordamos nada. La deuda mía era con otro. Nunca había jugado en la localidad de Pedro Pi, pero fui porque mi gallo todo el mundo lo conocía y nadie quería pelear con él. Pero en Pedro Pi (donde existe una de las más famosas vallas clandestinas de Cuba) nadie sabía del gallo y yo aposté dos mil quinientos dólares para cinco mil, pensando que iba a ganar al seguro, y nada, perdí. No pude pagar y ahí me echaron los perros (lo mandaron a matar). Donde hay pelea de gallos, hay matones, si no, cualquiera va y estafa. Si te escondes en Miami, es donde más rápido te la aplican. Yo me fui para Guantánamo, al municipio Manuel Tames, donde nadie sabía, pasó un año y pico y allí me fueron a buscar y me encontraron".

La proliferación de negocios clandestinos o semiclandestinos, la necesidad de sus dueños de crear leyes y códigos propios que les permitan subsistir en medio de complicadas estructuras que, durante años, han sido creadas en esa economía paralela a la oficial, donde quizás se mueva mayor cantidad de dinero que la que llega a las arcas del Estado, el empeoramiento de la crisis económica y el ambiente de oportunismo creado por aventureros foráneos y funcionarios corruptos, es el caldo de cultivo idóneo en el cual, con el paso del tiempo, la criminalidad en Cuba y el fenómeno de los matones, dejará de ser un síntoma de enfermedad aguda, pasajera, y quizás se transforme en un padecimiento crónico para el que será difícil encontrar la cura.

Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 5 de mayo de 2017.
Foto: Tomada de Cubanet.

jueves, 8 de junio de 2017

Alcohol, drogas y reguetón: así algunos cubanos evaden la depresión



Habla a una velocidad alucinante, en una jerga que se reinventa cada día en el bajo mundo habanero. Asesina el castellano con frases imposibles de descifrar para alguien que no resida en Cuba. Mientras conversa, mueve las manos como aspas de ventilador. Viste a la moda. Vaquero ceñido al cuerpo repleto de parches, gafas onda retro, zapatillas de puntera afilada y un peinado estrafalario, con el pelo teñido de caoba y una cresta de gallo alisado con un cepillo caliente.

Tatuajes en brazos y piernas. Y con su galimatías verbal, intenta vendernos un análisis en blanco y negro de la vida. Le llamaremos Adrián. Es mestizo y pese a su pinta de alero de la NBA, su 10mo. grado no le alcanza para terminar de leer los subtítulos de los filmes estadounidenses pirateados que los sábados por la noche trasmite la televisión estatal.

Para él, leer libros es cosa de viejos, intelectuales o bipolares. "Leer es desperdiciar el tiempo", dice. Y recuerda la vez que estando en Cuba Sí, prisión de máxima seguridad en la provincia de Holguín, a casi 800 kilómetros al noreste de La Habana, “a un ecobio le pagué dos jarros de leche en polvo y media cajetilla de cigarros Populares para que me escribiera una carta a la jevita”.

Un lápiz o un bolígrafo es un objeto extraño para Adrián. Lo que se le da es el “bisne por la zurda, fiesta y pachanga y cuadrar locas”. La política, el futuro de Cuba y la superación personal, bien gracias. Sus temas de conversación se limitan al fútbol, reguetón, mujeres y cómo hacer dinero en las duras condiciones del socialismo tropical.

Pese a vivir como un gitano, comer lo que aparezca y beber más alcohol del recomendable, confiesa no saber qué es la depresión. “Pa’ escapar de esta mierda lo mejor es andar volao. Fumarte un prajo de maní, templar y no estresarte. Total, uno no va arreglar el país”, aconseja Adrián.

Como Adrián, en cualquier barrio de La Habana usted se encuentra con personas que viven en la marginalidad y aseguran que nunca se han deprimido ni han tenido intenciones suicidas. Uno de ellos es Gerald (nombre supuesto).

A sus socios de farándula, los espera a la entrada de la discoteca El Túnel, antiguo refugio antiaéreo reconvertido en centro nocturno en la barriada de La Víbora, al sur de la capital. Escondido en el pantalón lleva dos cajas de ron Planchao, un gramo de melca y varios cigarros de mariguana, “pa’ hacer un yayuyo”. Y añade que “encima porto dos pesetas, pa’comprarme unos tanques y luego ligar una canchanfleta barata. Cuando salgamos la disco, nos vamos pa’ la playa a descargar y formar nuestra riquera”.

Según Gerald, la mejor opción para alejar la depresión es vivir a toda mecha. “La vida es una sola, asere. No se puede coger lucha. Lo mejor es vacilar, arrebatarse y templar. Claro que si pudiera largarme de Cuba me iría. Pero en La Habana, Hong Kong o Miami, la ecuación es la misma: la gozadera. Todo el tiempo que puedas”.

Lo que queda del Hombre Nuevo, aquel delirio del Che Guevara y Fidel Castro, es una combinación de zombi con robot a la cual si le añades un poco de banalidad, el resultado es un estilo de vida ligero de equipaje, lleno de preceptos machistas y de indiferencia hacia el entorno que le rodea.

Por supuesto, un elevado porcentaje de cubanos se sienten frustrados, angustiados y deprimidos por disímiles razones: desde la falta de futuro hasta la manera de encontrar una estrategia que les permita sobrevivir en el manicomio verde olivo. El sistema implantado por el castrismo es un corsé de hierro que inmoviliza al ciudadano. Las campañas políticas, movilizaciones y la parafernalia propagandística del régimen contribuye a adormecer, adoctrinar y domar a la gente.

En Lo importante es recibir ayuda, texto aparecido en el periódico Trabajadores, el tema de la depresión era abordado. Se ofrecían datos internacionales (300 millones de personas en el mundo padecen depresión y ansiedad, el 16% de los casos en Latinoamérica), pero no se daban cifras nacionales. Junto a opiniones de cuatro especialistas médicos, se reportaba que en la Isla existen 136 departamentos municipales para el cuidado de la salud mental en el primer nivel de atención, mientras en el segundo nivel cuenta con 17 servicios de psiquiatría en hospitales generales y clínico-quirúrgicos, 15 en hospitales pediátricos y 19 en hospitales psiquiátricos de todo el país.

También se aclaraba que Cuba dispone de un servicio de consejería telefónica, el número 103, que es gratuito, confidencial y anónimo, atendido las 24 horas por un personal calificado que "aún cuando brinda orientación acerca del manejo de las adicciones, un número considerable de las llamadas solicita ayuda psicológica por trastornos depresivos".

“Alarmante. Más del 67% de la población cubana muestra síntomas de ansiedad, depresión y tristeza. Así lo revela un estudio solicitado por la dirección del país al Grupo Nacional de Psicología del Ministerio de Salud Pública ”, escribía Juan Juan Almeida en un artículo publicado el 13 de abril en Martí Noticias.

Conversé sobre el tema con un experto. “Sí, la extensa crisis económica, bajos salarios y un futuro impredecible, deprime a cualquiera. La pirámide invertida en nuestra sociedad, donde algunos profesionales ganan salarios más bajos que los de un basurero, frustra a muchos de ellos que, o dejan de ejercer sus labores y se dedican a oficios mejor pagados, buscan cómo obtener una beca en el extranjero o planifican emigrar de Cuba”.

Un funcionario de salud pública expresa que “además de los factores conocidos que provocan estrés, depresión y un modo de vida poco saludable, hay que hablar del suicidio. La tasa de muertes autoprovocadas en Cuba es la segunda del continente americano y está entre las diez primeras del mundo”.

Las penurias y ajetreos cotidianos no son aconsejables para aquellos cubanos puntuales y formales, que valoran el slogan 'el tiempo es dinero'. El caótico servicio del transporte público, las extensas colas, el desgaste provocado por la escasez de alimentos, la necesidad de alimentar a la familia con al menos dos platos calientes al día, las billeteras vacías o semivacías y, encima, tener que soportar el bombardeo a mansalva de medios informativos que manipulan o desvirtúan el acontecer nacional e internacional, desquicia al tipo más sensato.

A esa realidad, súmele el calor de infarto, ausencia de libertades políticas y vivir bajo un mismo techo con tres generaciones diferentes. Siempre queda la opción de cerrar los ojos y taparse los oídos. Evadir la realidad con ron o drogas y bailar reguetón hasta que amanezca. Como aconseja Adrián.

Iván García
Martí Noticias, 18 de abril de 2017.

Foto: Tomada de Borrachos, pero sin catarro.

lunes, 5 de junio de 2017

Rompe cráneos en Centro Habana



El biotipo Eliancito, con maricona al hombro y pistola oculta, recorre las calles de Centro Habana, recién llegado de una misión en Venezuela, donde estuvo destacado durante la semana más caliente de las protestas: su oficio es partir cabezas, disparar sin ser visto. Su maricona contiene una lata de aerosol de pimienta, una cabilla, un peinecito y una fuca. Aprendió a matar, confundido entre los manifestantes.

Su modelo es el Fidel Castro del Bogotazo, el Fidel del 48. Formar el caos es su religión. Partirle las patas a la disidencia es su destino. Es un karateca y un cobarde. Aún en posición ventajosa, enfrentado a un grupúsculo de amas de casa y panaderos ambulantes, recula.

La monada patrullera también da marcha atrás. Tienen miedo, y se les nota. Saben bien lo que se avecina: la guerra total, donde llevan la de perder. Un día los esbirros amanecerán colgados de los postes. Ya ha pasado antes en Cuba. Ya sus carotas circulan por las redes, son jetas de Facebook.

Ni la superioridad numérica consigue infundirles valor, porque hay que ser muy canalla para partirle una porra en la cabeza a un pobre desgraciado de Centro Habana. El "pan con lechón" de nuestras antiguas dictaduras es ahora el pan-con-ná raulista, un bastón importado de alguna tienda de productos paramilitares, quizás de Hialeah.

Un doble de Eliancito, un seboruco, un clon del Cangrejo, un energúmeno, un pendejo que baña de spray al mulato uniformado de la PNR que se le para delante por equivocación. Un mono de laboratorio envalentonado por la total confusión de sus víctimas, un perro pitbull amaestrado en las jaulas del DGI (Departamento General de Inteligencia).

Miren cómo cocea, el muy burro. Fíjense cómo anda disfrazado de turista este gorila.

Pero los académicos de LASA son más gorilas que él, tan esbirros como este energúmeno, tan responsables de las palizas que reciben los cubanos sin títulos ni visas.

Este bruto es la creación de la alta cultura cubana, de su silencio y su complicidad. El cerebro del karateca está tan vacío como el de uno de esos académicos que todavía recuerda la dictadura chilena. La intelectualidad cubana se esconde detrás de sus discursitos raciales para no ver lo que le pasa a los negros en las calles de La Habana.

Aunque parezca un asunto de la chusma centrohabanera, aunque parezca que trata de las cuitas de un pobre panadero ambulante, este vídeo, muestra el estado terminal de una cultura degenerada, la podredumbre social que acelera la caída de los sistemas, y detrás de ellos, la de la farándula artística, la comparsa académica e intelectual que les ríe las gracias a la tiranía, perdona a los jenízaros y se burla del pueblo.

Néstor Díaz de Villegas
Diario de Cuba, 5 de mayo de 2017.

Nota.- El título original del artículo es El biotipo Eliancito rompe cráneos en Centro Habana y apareció en NDDV, el blog del autor y Diario de Cuba lo reprodujo con su autorización.